Entrenar la autoridad interior

Mucho de lo que quieres te lo enseñaron a querer.

Costumbres, expectativas ajenas, exigencias que absorbiste en la infancia y todavía cargas. Nada de eso llega marcado como ajeno: habla con tu voz y lleva años decidiendo por ti. Separar una cosa de la otra es autoridad interior, y se entrena.

Verónica Blumentals

Nada de esto se siente prestado.

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En ninguna de estas falla la voluntad. Lo que falla es el origen: la dirección vino de fuera, entró muy temprano y ya no se distingue de lo propio. Lo que falta no es fuerza. Es saber cuál de las dos voces es la tuya, y eso se entrena. Mira cómo se entrena

Saber dónde pisas.

Esto es lo que se gana entrenando la autoridad interior: saber dónde pisas, tener suelo debajo, saber qué quieres y saber que puedes ir por ello. Y antes que nada, saber qué parte de todo eso es tuya.

Nadie te lo instala desde fuera. Se entrena a diario, con herramientas concretas y un orden que se aprende: escribir lo que pasó, mirar de dónde venía, y decidir la siguiente con eso delante. No hace falta creer nada para empezar, y conviene empezar antes de que llegue la decisión que pesa: cuando llega, ya no da tiempo.

Lo que Verónica ha visto

Esto no pesa igual en todo el mundo

A los hombres se les concede, casi siempre, margen para averiguar qué quieren e ir por ello. A las mujeres se les enseña a comportarse, a moderar, a apaciguar, a facilitar; a ir detrás de lo propio, mucho menos. No le pasa a todas y no es solo cosa de mujeres, pero pasa a menudo, y cuando pasa este trabajo empieza más abajo: antes de decidir hay que recuperar el derecho a querer algo. Verónica lo fue a buscar en los libros y encontró otra cosa.

De ahí salió el método, y no es un método para mujeres: lo entrena quien quiera decidir por su cuenta.

Sobre Verónica
Descubrí que la psicología escrita por hombres no describe exactamente lo que vive una mujer. Que el cuerpo es parte integral del sistema y tiene su propio lenguaje. Que las emociones no son abstracciones mentales, sino fuerzas que habitan nuestro sistema biológico.
— Verónica Blumentals

Lo que se construye

Decidir cuesta menos cuando sabes desde dónde decides. Y cuando llega la decisión que pesa, la brújula ya tiene que estar hecha.

  • Decisiones más claras, con menos vueltas antes de tomarlas
  • Rumbo propio, en vez de tomarlo de lo que tienen los demás
  • Hábitos que se sostienen solos: lo que estudias, lo que comes, cómo duermes
Explorar el método

Primero, ver qué decide por ti.

Quince preguntas, tres minutos, sin correo. Sales con un mapa de cómo decides y de qué parte de eso la pusiste tú.